Blog de JardinesVerticales

Estar parada no es lo mismo que estar quieta

De seda, de hierro puro y con ganas de contar cosas

#26 - Eligiendo

Escrito por JardinesVerticales 18-12-2015 en viajes. Comentarios (0)

Este año celebré mi cumpleaños sentada en un banco de la Plaza de la Prospe,  acompañada por un regalo que me ha hecho la vida, comiendo un kebab y bebiendo cerveza y pasando mucho calor, tratando de ver qué hacía con mi vida en un momento de catacrisming total… y resulta que celebro las vísperas navideñas en Plaza de Mayo, acompañada por otro regalazo de la vida, comiendo un choripán y también bebiendo cerveza (después de quitarnos la sed con agua) y pasando mucho calor, cargada de regalos de reina maga porteña y tratando de ponerle palabras a toda la emoción que siento por todo lo que me ha dado la vida en estos meses. Celebro  la llegada de fin de año en Palermo a la luz de las velas por los cortes de luz propios del verano. O en mi bar de mi nuevo barrio. O con un abrazo en Santa Fe. Bien acompañada en este tránsito, vigilando bien mi ladrillo.

Se me hace muy raro pensar que voy a ser yo la que esté del otro lado de la sala de llegadas del aeropuerto de Barajas, que no voy a ser yo la que vaya a recoger sino que soy yo la que llega, que voy a ser yo la que aparece empujando el carro al abrirse la puerta de la sala de llegadas mirando a todas partes hasta encontrar la mirada de quien me espera expectante. Con muchas ganas de cargar pilas con mi gente, con quien quiere, eligiendo mis tiempos. Llego con un sentimiento claro de que viajo para ir, no para volver. Voy allí, vuelvo acá, Retiro por Retiro.

Ahora me doy cuenta de que mi felicidad viene de poder aceptar las cosas como son sin torturarme por desear que fuera de otra manera. Y así, en la distancia cercana o en la cercanía lejana, en la creación de lazos transgeneracionales, en la transposición de vínculos, en el dar lo que soy y en el recibir lo que el otro pueda dar, sin esperar más, está mi paz, como del otro lado de la sala de llegadas de Barajas estarán esperándome a mi. Eligiendo, por fin. 


#25 - Con la piel a flor de tango

Escrito por JardinesVerticales 09-11-2015 en viajes. Comentarios (0)


Pasa el otoño en Madrid y por fin la primavera se asienta en Buenos Aires. Y yo soy muy feliz por saber que todo va a seguir estando ahí, allá, aquí, allí, capaz que acá...

La distancia agranda las virtudes y achica los defectos, es un filtro estupendo. También agudiza necesidades y en la búsqueda del mimo faltante aprendes a conducir tu vida de otra manera, a entender que lo que tiene mejor precio no es necesariamente lo más barato, a saber tomarse un tiempo para no malgastar el tiempo. Pone en duda las ideas y obliga a cuestionarse las creencias; transforma el habla, el pensar, el ritmo. El mito de las raíces. 

Los abrazos, contados, son muy valiosos, pero son, existen. El saludo de los comerciantes del barrio vale más que un rayo de sol en invierno y un “Buenas noches, Buenos Aires” en un concierto que siento como propio me termina de confirmar que formo parte del lugar. Y todavía no sé cómo se dice ligar, pero ya me he enterado de que es un juego que empieza con la forma de mirar y con la capacidad de sonreír y de poner cara de culo.

Y tengo amigos que me regalan su luz y ponen música a una semana silenciosa y oscura. Amigos que me acercan mi familia a través de la suya. Amigos que descubren cosas de su país de mi mano. Amigos que me ayudan a comprar una cafetera o un pasaje. Amigos que me enseñan cosas de mi cultura gracias a la suya. Amigos que me abren su casa y su vida. Amigos que sobrepasan barreras generacionales. Amigos que me ayudan a solventar las barreras administrativas de ser extranjera. Amigos que me ponen la piel a flor de tango…

Todo me llama a volver. Volveeeer… 


#24 - Y sí!

Escrito por JardinesVerticales 06-10-2015 en viajes. Comentarios (0)


El arraigo crea espejismos. Te crees asentado en una realidad que en realidad apoltrona, que te acomoda sobre unas bases establecidas, no elegidas. Emigrar, no tener la red de contención de siempre, la de sangre o la construida por la historia en común, te obliga a tejer como una araña esa red que siempre hace falta, que por invisible creemos que no existe y que por tanto es innecesaria. Al no tenerla, hemos de trabajar en ella, elegir los nodos y los materiales que la conforman, construyendo lo que se llama la familia urbana, la elegida. Buscar la confianza basada en la intuición (y ponerla en duda, aunque duela, es supervivencia) y aceptar la mano amiga. Y sonreír mucho …

Emigrar da la opción de barajar y dar de nuevo. Es el asiento de apertura. Por muy madrileña que sea Buenos Aires y yo tan portiñófila, se trata de otro juego  que hay que aprender a jugar. Por mucho que el mus y el truco se parezcan, capaz que no son lo mismo. Obvio que hay que tomar nuevas palabras y desprenderse de otras  para evitar malos entendidos o para facilitar el entendimiento… para cuidarse, en definitiva, y para crecer. Agarrándose  a quien uno es, a quien uno sabe ser, y sobre todo a quien uno quiere ser.

Esto sólo suma, nunca resta; capaz que multiplica... E igual garúa mientras vuelvo a Recoleta en colectivo desde Callao y Corrientes, con una resaca de risa, con la carne del alma de gallina, recogiendo una buena cosecha vital. Y sí… 

#23 - Buen cambio de aires

Escrito por JardinesVerticales 07-09-2015 en viajes. Comentarios (0)

Cuando tu casa es una cárcel en apariencia de vergel; cuando el abismo se abre en vertical; cuando el vértigo te protege y son las raíces las que se desprenden del cuerpo; cuando puedes leer un sueño estrambótico y hacerte fuerte más allá de su turbia apariencia…

Entonces es el momento de saltar… pero hacia adelante; de soltar lastre y volar; de aceptar el océano que asoma, cualquiera que sea; de buscar el pasaporte y los adaptadores de enchufe; de pedir un certificado de antecedentes penales y de otorgar poderes al más cercano; de guardar lo mínimo y regalar lo máximo. Es el momento de viajar con el equipaje preciso.

Y por alineaciones inesperadas de los astros de repente aparece una gran oportunidad de la mano de un ángel que acaba con el y-si-nunca-más-consigo-trabajo?, hace liviana la decisión de exilio y viste su amargura con la ilusión de un gran proyecto profesional.

Es el momento de organizarse, de pedir ayuda, de marcar la agenda, de contar con la familia y los amigos. Si ellos, sin los que me quieren, todo esta revolución que estoy viviendo habría sido imposible… los que me ayudan a arrancar con este proceso de desapalancamiento operativo… la madre desde la retaguardia asegurándose de que no se escapa un detalle… las amigas que auditan el vestuario… el padre que me ayuda con lo descoordinado… los que participan en una divertida comida de despedida… la que se coge un avión para pasar el aspirador por última vez en mi hogar chamartino… la que saca un hueco de donde no hay para pasar un rato conmigo mínimo pero concentrado… el hermano que ya me echa de menos… la que come conmigo en el metro cuadrado de mi cocina… la que deja a sus tres niños por venir a verme… los padrinos que disculpan mis nervios… la que me ayuda a combatirlos… las que se miran en el espejo… la hermana viviéndolo más que nadie y desde otro continente presente en forma de camiseta… la que trae a sus tres niños a verme… la que viene a cargar… el que viene a abrazar a una amiga y se encuentra con otra… la que me arranca unas lágrimas inesperadas… la que espera bajo la lluvia… el hermano que me ayuda a buscar soluciones… la que se olvida en mi casa un mechero floreado dos veces en la misma semana... las que con tanto amor meten mi ropa en las maletas… las que me están ayudando a que allá tenga lugar donde vaciarlas… los que acogen con tanto agrado mis depósitos… el que me lleva a reponer fuerzas sabiendo que mi  cabeza ya vuela… la que me hace un favor pidiendo favores que se ha ganado a pulso… el que viene a descorchar una botella de brut y además es capaz de encontrar vasos para brindar… las que buscan huecos para verme entre exámenes y artículos de investigación… los que han entendido que mi nevera está vacía y me sacan a tomar algo a última hora… los que consiguen que no me duela demasiado separarme de mis bonsáis… la que me hace un dibujo para que pueda decorar mi nueva casa… el que se ocupa de que en mi maleta haya calcetines… el que nunca se atreve a despedirse de mi del todo… el sobrino que empieza a disfrutar de las sobremesas en familia… los que resuelven marrones ajenos… el que me trae flores para que no eche de menos mis plantas… la que piensa en mi alergia al polvo entre la marabunta de cajas… la que sigue oliendo igual que hace la torta de años… los que me lo ponen tan fácil… los que hacen divertidos momentos duros… Los que me queréis taaanto…

Entonces es el momento de darle la mano a la bravía, de inmortalizar todos estos buenos recuerdos, de estar muy orgullosa de mis amigos y de mi familia y de aceptar que el hogar está allá donde uno desee estar. El mío, mi deseo, está en Buenos Aires por un tiempito, y luego ya veremos. Pero, por favor, que no se deshagan los lazos.


#22 - Campamento de dia

Escrito por JardinesVerticales 04-05-2015 en madrid. Comentarios (0)


El otro día Esperanza Aguirre me puso de muy mal humor, a raíz de su supuesta preocupación sobre dónde duermen un grupo de extranjeros que ahuyentan a los turistas. Supongo que se refiere a esos grupos de romanís que duermen bajo el scalextric de Francisco Silvela, en unos solares en Moncloa o en verano a la sombra de un instituto de secundaria enfrente de mi casa. En barrios sin turistas, barrios de ciudadanos, negocios, instituciones y centros educativos... es decir, de todo aquello que conforma una ciudad.

Mi cabreo viene porque tengo la sensación de que esta señora no se ha enterado absolutamente de nada. La señora candidata a reinar Madrid no se ha dado cuenta de que lo de menos es dónde duerman esos extranjeros, algo que efectivamente es preocupante. Y que lo de menos es que ahuyenten a los turistas. Se está olvidando de que en Madrid hay ciudadanos.

Ella no se pregunta qué hace el resto del día el mendigo que, cada mañana y con una amable sonrisa le da los buenos días mientras le pide limosna en el primer semáforo antes de coger la M30, pero que luego por la tarde ya no está, o hay otro vendiendo clínex. Claro, ella va con chofer y parando en el carril bus para poder sacar dinero cómodamente a media tarde en plena Gran Vía, como si la ciudad no fuera con ella.

Esa gente que duerme en las calles también tienen campamentos de día que cuidan mientras hacen turnos en los semáforos y esquinas limósnicamente estratégicas del barrio (el callejón del IES Santamarca o el bulevar de Cea Bermúdez son dos buenos ejemplos). Comen de tupper que les proporciona la parroquia, hablan a gritos, a veces por teléfono, y en cuanto reúnen unas monedas, a eso de media mañana, las transforman en litronas o bricks de vino que, una vez ingeridos, los dejan amablemente por ahí tirados para que cuando los chicos salgan del instituto tengan algo a lo que dar patadas. Chicos que día tras día al salir de clase se encuentran a un grupo de adultos haciendo botellón y orinando en la calle impunemente; sin embargo, si esa escena la protagonizaran ellos mismos, o cualquier otro ciudadano, sí que serían sancionados; igual que lo sería yo si parara el coche en un carril bus y después me pusiera chula con la poli, que también sé hacerlo, oye.

Desde luego que me preocupa la imagen que tengan de Madrid los turistas que nos visitan y se dejan aquí sus ricos cuartos. Pero me preocupa muchísimo más qué les estamos enseñando a los jóvenes, que viven rodeados de incongruencias e hipocresías, y que serán los adultos que el día de mañana se ocuparán de recibir a los turistas… o no…  A mi ya me queda poca esperanza...