Blog de JardinesVerticales

Estar parada no es lo mismo que estar quieta

De seda, de hierro puro y con ganas de contar cosas

#14 - El tamaño importa

Escrito por JardinesVerticales 10-08-2014 en vida. Comentarios (0)


Es de esas cosas que sabes que van a ocurrir tarde o temprano (más bien temprano, según mis condiciones de partida), pero nunca sabes de qué manera se van a manifestar por primera vez. Tampoco es que la forma de darse cuenta de eso sea importante, es algo anecdótico, pero forma parte del proceso de reconocimiento de esa nueva realidad que se extiende ante uno.

Una tarde de piscina en casa de mis tíos de repente me veo enganchada a una conversación entre varias personas mayores (Sara, tía Marga, su hijo, el vecino, la otra…) sobre lo encantadísimos que están todos con sus respectivos libros electrónicos y el mundo que rodea a semejante artilugio - que si cuántos libros tienes, que si el mío se retroilumina, que si yo prefiero leer en la tablet, que si yo leo en la cama con el Kindle apoyado en un almohadón, que si yo en el sillón estoy más cómoda… Pero todos coincidían en que desde que tienen libro electrónico han vuelto a leer, porque ahora ya pueden poner la letra al tamaño que les conviene y porque ya no es tanta molestia sostener el libro, ya no les pesa. Sin duda, el tamaño importa.

La otra noche había quedado a cenar y me apetecía mucho arreglarme (estrenaba sombra de ojos). Qué ojo tan bien maquillado, me veía monísima ante el espejo… de aumentos. Mmh… Me había maquillado en un espejo donde por fin me veía… bien. Mmh… Ahora entiendo por qué he aumentado recientemente el tamaño de letra en el Kindle y me duele menos la cabeza. Mmh… Y me acordé de Sara y de tía Marga, de lo coquetas que son y lo monas que van siempre, de lo que les gusta leer, del sentido del humor que se gastan a sus ochentaitantos (me partía cuando Sara le decía a su hermana que uno de los dedos de su pie izquierdo parecen el pene del recién nacido). Mmh… Y después me acordé de las lentillas de mi abuela y de mi madre. Mmh… Y de sus ojazos maquillados. Mmh…

Mujer en su cuarta década y ligeramente hipermétrope con antecedentes familiares. Pues eso. Que a lo mejor pronto me veis con gafas de presbicia. Pero que he descubierto que puedo pintarme el ojo mejor (aún) y que puedo leer más sin que me duela la cabeza.

Pues eso. Que mola hacerse mayor :)


#13 - Pelo sucio, coleta

Escrito por JardinesVerticales 24-07-2014 en vida. Comentarios (0)

Tengo el pelo sucio pero no me da tiempo a lavármelo.

Espero una llamada, al menos. A todas horas retumba en mi cabeza el tono del teléfono, trato de vivir permanentemente en la perfecta circunstancia para que cuando suene lo pueda coger en las condiciones más favorables. Fantaseo con lo que me puedo encontrar tras esa llamada. Sabré qué decir y cómo decirlo, o eso espero. Simplemente espero. Qué aburrida, la espera… Se aliña con ilusión.

Recibo un email en copia oculta, mal escrito, comunicándome de mala manera que otros destacan más que yo. Está claro que ese secarral poligonero con tan poco glamour no era para mi.

Me dices que te recuerde la semana que viene que vamos a quedar a tomar una cerveza. Está claro que si no te has enterado del pedazo de mujer que está pasando delante de tus narices no mereces que te recuerde que existes.

Las ilusiones se desvanecen. Aparece la rabia, en distintos grados. Pienso en alternativas. “Pelo sucio… coleta!”


#12 – Sumas y saldos

Escrito por JardinesVerticales 18-06-2014 en balance. Comentarios (0)


Hoy me ha tocado renovar por primera vez la demanda de empleo (lo que de toda la vida ha sido sellar el paro). Esto significa que llevo tres meses parada (que no quieta). Sin querer me pongo a hacer balance (que cuadra!) y el resultado es muy bueno:

Distancia recorrida fuera de la Comunidad de Madrid (visitas a los centros comerciales de los alrededores no cuentan): más de 10.000 km. Líneas de expresión: una más en cada ojo (pero es porque sonrío más). Copas de Europa: una, la décima. Veces en las que he llegado a gatas a casa: no tantas. Desvelos nocturnos: se cuentan con los dedos de una mano. Proyectos profesionales a la vista: algunos. Momentos en los que he sido feliz: muchísimos. Condones caducados tirados al cubo de la basura: uno. Flores plantadas: varias bandejas. Meneos a la tarjeta de crédito: en su justa medida. Sesiones de psicoanalista no programadas: ninguna. Novelas: unas cuantas. Bonitos encuentros: muchos. Veces en las que he hecho sonreír al otro: bastantes. Routers nuevos: sólo uno. Malos rollos: casi ninguno. Buena gente a mi alrededor: mucha, buenísima. Talla: una menos. Caja y bancos: según lo previsto en el cash flow. ¡Bien!

Hace tres meses tomé la decisión de aprovechar bien el tiempo que tenía por delante y el resultado es que tengo las pilas bien cargadas y un buen aprendizaje marcado en el cuerpo. Dependió de mi, de nadie más. Sigue dependiendo de mi. Y soy un poco más feliz. 

Y mi jardín vertical crece sano.


#11 Con olor a libro

Escrito por JardinesVerticales 07-06-2014 en libros. Comentarios (0)

Hace poco me he comprado un libro electrónico. Los que me han ayudado a hacer mudanzas llevan días celebrándolo. La verdad, estoy contenta con la compra: efectivamente no pesa y no abulta (toma, Ryanair) y permite llevar una biblioteca a cuestas... aparentemente, es perfecto. No, no lo es; tiene un grandísimo defecto.

Estuve tres días desvelada. El primer día apagué la luz cuando la claridad que entraba por la ventana me dio miedo. El segundo día, a las cuatro de la mañana (se nota que no madrugo). El tercero, cuando se acabó la historia contada por otro y ya era mi decisión si los personajes que acababa de conocer apenas tres días atrás iban a continuar sus historias de mi mano, o no. Se acabó. El libro. Se acabó. Esa historia maravillosa. Ya no más.

Y entonces me viene a la cabeza una imagen, la del momento en que me presta ese libro mi prima Carmen, con una mirada pícara (por conocer los desvelos que provocaba) y llena de amor (por conocer el gusto de la historia), me lo presta a la que vez que devuelve otro, que comentamos y se acaba llevando otra persona. Y sonrío…

Y es que eso, el acto de prestar y devolver un libro prestado no se puede hacer de forma electrónica, o es un negocio que aún no se ha inventado. Poner en manos de otro, a la vez que le miras a los ojos, la posibilidad de enamorarse de personajes, lugares y situaciones. La devolución agradecida al dueño original de esas páginas llenas de palabras y que así pueda entregárselas a otro para que a su vez disfrute de esa posibilidad. Eso no se puede hacer de forma digital. Eso se hace mano sobre mano, mirada sobre mirada. Con olor a libro. 


#10 ¿Cómo no te voy a querer?

Escrito por JardinesVerticales 26-05-2014 en viajes. Comentarios (0)

La vivencia que cada uno hace de todo, pero en especial de los acontecimientos históricos, viene marcada por las circunstancias y por quien te acompañe en ese momento.

Yo he tenido la suerte de compartir con casi todos mis hermanos el capítulo de la historia que se ha escrito en Lisboa este fin de semana, con el fútbol como telón de fondo y para alegría de la gran familia madridista. Un fin de semana que empezó con muchos nervios y que fue canalizando emociones hasta traernos de vuelta a casa con la décima, felices por lo vivido y sobre todo por haberlo compartido.

Estoy décima y realmadridmente feliz. Aparte de la euforia por el éxito deportivo y por el ambientazo facilitado por las dos aficiones, he tenido un fin de semana para inventar palabras, para equivocarnos en el metro, para darnos la mano y no perdernos, para hablar en nuestro idioma clave, para saber retirarnos a tiempo, para reírnos y no parar, para darnos abrazos de gol, para generar mil recuerdos que se quedarán en nuestras retinas para siempre, para no enfadarnos, para protegernos, para mimarnos, para escucharnos, para dedicarnos tiempo, para saber reconocer nuestros errores y sobre todo nuestras virtudes, para compartir el espacio, para ejercer esa complicidad invisible que nos une, para darnos conversación en el coche, para aprender algo más del otro, para disfrutar juntos y para querernos mucho más.

Gracias, hermanos.