Blog de JardinesVerticales

Estar parada no es lo mismo que estar quieta

De seda, de hierro puro y con ganas de contar cosas

#16 - La calle del Olvido

Escrito por JardinesVerticales 10-11-2014 en calle. Comentarios (0)


Acercaba con el coche a una amiga a un lugar desconocido para mi, donde lo raro es no sentirse fuera de lugar. De entre las opciones que me daba Google opté por la que no tenía túneles, para aprovechar la luz del sol, que está tan bonita estas mañanas de viento. Musiquita. Fue un acierto, lo supe cuando di la vuelta.

Se trataba de girar a la izquierda una vez subida la cuesta, justo donde la calle principal hacía curva. La calle del edificio color crema. La calle del Olvido, donde nunca brilla el día. Pero hoy sí.

Cuántas luchas por olvidar cuántos sueños y allí estoy yo, bien acompañada, dejando un rastro de confeti en la calle del Olvido. Y sin saber que estaba ahí, tan cerca, y a la vez tan lejos. - al menos estaba en Google… Subo la calle, dejando atrás mi condena.

Ahora duermo calentita, con la escopeta cargada al lado de la mecedora, la cafetera oxidada de los lunes al sol. Gano en las distancias cortas. Y si lo estropeo, te daré las llaves. Y tendré que salir a buscarte para devolverte todas estas palabras prestadas, para que entiendas... que por fin lo he conseguido.  


#15 - Inventos para frikis como yo

Escrito por JardinesVerticales 09-09-2014 en inventos. Comentarios (0)


Últimamente me apetece inventar cosas, la mayoría son absolutamente absurdas, totalmente carentes de rentabilidad y que sólo nos molan a frikis como yo.

Por ejemplo, un buscador de olores y sabores. Que cuando estés viendo un programa de cocina en el que el chef de turno termina un plato con ralladura de bergamota de Calabria y digas… a qué demonios huele la bergamota? … y puedas ir a un dispositivo a comprobarlo. Porque imaginarse un olor que no conoces es muy complicado, pero si lo dice la Wikiolores, pues será así.

También me molaría tener un buscador de árboles. Que cuando voy de paseo por ahí, a partir de fotos tomadas en el momento, pueda saber qué ejemplar es. Y si de paso me cuentan un poco de su historia particular (en fotos históricas, archivos de quien se haya echo cargo de ellos alguna vez), mejor que mejor. Pero esto en realidad ya está inventado, se trata de dar un uso civil y un poco más verde y friki a los drones y a los sistemas de información de los servicios de inteligencia que algunos usados usan contra ciudadanos. 

Otro invento chulísimo sería un insonorizador selectivo. Que pudiera por ejemplo desactivar las voces de esa familia ruidosa y numerosa que monta el campamento a mi lado en la playa (habiendo playa vacía por delante): tres sombrillas, la nevera, dos mesas, varias sillas, dos tumbonas, el toldo, dos perrillos, el melón enterrado en la orilla para que no se caliente (cuidado que la marea sube, no lo vayan a perder como unas cervezas que dejé yo en Los Muertos, una playa que como bien indica su nombre tiene mucha corriente, que en cinco minutos habían sido absorbidas por la tierra y que no fuimos capaces de encontrar ni con un dispositivo GIS para la búsqueda de restos arqueológicos), el del bigote comiendo directamente de la lata de sardinas pinchadas con la navaja multiusos que le trajo su cuñado de Suiza, el niño que se va a quedar sin helado como no se coma todo el bocadillo, un bebé que no para de berrear porque tiene calor mientras la madre charla en el agua con su cuñada sobre la reforma que va a hacer en la casa del pueblo y sobre todos los gastos que le supone la vuelta al cole, el pre-adolescente que le va a dar con el balón a la señora de al lado que no lleva la parte de arriba del bikini, el abuelo que aprovecha ahora que no hay nadie para montar los aperos de pesca y de paso terminar de delimitar las fronteras su territorio playero, la tía Mari que sacude la toalla y llena de arena a los de atrás… En definitiva, una de esas familias que se te sienta al lado en la playa, habiendo playa, pero vale cualquier ejemplo de ruido molesto e innecesario. 

Estaría bien además que el mismo dispositivo insonorizador de paso neutralizara el olor (no digo ya la presencia) de la basura que alguna gente se olvida después de un rato en la playa, cacas de perro incluídas.

Pero me temo que nadie querría invertir un duro en desarrollar un producto que ya está inventado, sólo se trata de hacerle un re-branding para que se ponga de moda. Respeto. Se llama Respeto. 

Y yo a ver si me pongo y se me ocurren cosas menos frikis y más rentables. 


#14 - El tamaño importa

Escrito por JardinesVerticales 10-08-2014 en vida. Comentarios (0)


Es de esas cosas que sabes que van a ocurrir tarde o temprano (más bien temprano, según mis condiciones de partida), pero nunca sabes de qué manera se van a manifestar por primera vez. Tampoco es que la forma de darse cuenta de eso sea importante, es algo anecdótico, pero forma parte del proceso de reconocimiento de esa nueva realidad que se extiende ante uno.

Una tarde de piscina en casa de mis tíos de repente me veo enganchada a una conversación entre varias personas mayores (Sara, tía Marga, su hijo, el vecino, la otra…) sobre lo encantadísimos que están todos con sus respectivos libros electrónicos y el mundo que rodea a semejante artilugio - que si cuántos libros tienes, que si el mío se retroilumina, que si yo prefiero leer en la tablet, que si yo leo en la cama con el Kindle apoyado en un almohadón, que si yo en el sillón estoy más cómoda… Pero todos coincidían en que desde que tienen libro electrónico han vuelto a leer, porque ahora ya pueden poner la letra al tamaño que les conviene y porque ya no es tanta molestia sostener el libro, ya no les pesa. Sin duda, el tamaño importa.

La otra noche había quedado a cenar y me apetecía mucho arreglarme (estrenaba sombra de ojos). Qué ojo tan bien maquillado, me veía monísima ante el espejo… de aumentos. Mmh… Me había maquillado en un espejo donde por fin me veía… bien. Mmh… Ahora entiendo por qué he aumentado recientemente el tamaño de letra en el Kindle y me duele menos la cabeza. Mmh… Y me acordé de Sara y de tía Marga, de lo coquetas que son y lo monas que van siempre, de lo que les gusta leer, del sentido del humor que se gastan a sus ochentaitantos (me partía cuando Sara le decía a su hermana que uno de los dedos de su pie izquierdo parecen el pene del recién nacido). Mmh… Y después me acordé de las lentillas de mi abuela y de mi madre. Mmh… Y de sus ojazos maquillados. Mmh…

Mujer en su cuarta década y ligeramente hipermétrope con antecedentes familiares. Pues eso. Que a lo mejor pronto me veis con gafas de presbicia. Pero que he descubierto que puedo pintarme el ojo mejor (aún) y que puedo leer más sin que me duela la cabeza.

Pues eso. Que mola hacerse mayor :)


#13 - Pelo sucio, coleta

Escrito por JardinesVerticales 24-07-2014 en vida. Comentarios (0)

Tengo el pelo sucio pero no me da tiempo a lavármelo.

Espero una llamada, al menos. A todas horas retumba en mi cabeza el tono del teléfono, trato de vivir permanentemente en la perfecta circunstancia para que cuando suene lo pueda coger en las condiciones más favorables. Fantaseo con lo que me puedo encontrar tras esa llamada. Sabré qué decir y cómo decirlo, o eso espero. Simplemente espero. Qué aburrida, la espera… Se aliña con ilusión.

Recibo un email en copia oculta, mal escrito, comunicándome de mala manera que otros destacan más que yo. Está claro que ese secarral poligonero con tan poco glamour no era para mi.

Me dices que te recuerde la semana que viene que vamos a quedar a tomar una cerveza. Está claro que si no te has enterado del pedazo de mujer que está pasando delante de tus narices no mereces que te recuerde que existes.

Las ilusiones se desvanecen. Aparece la rabia, en distintos grados. Pienso en alternativas. “Pelo sucio… coleta!”


#12 – Sumas y saldos

Escrito por JardinesVerticales 18-06-2014 en balance. Comentarios (0)


Hoy me ha tocado renovar por primera vez la demanda de empleo (lo que de toda la vida ha sido sellar el paro). Esto significa que llevo tres meses parada (que no quieta). Sin querer me pongo a hacer balance (que cuadra!) y el resultado es muy bueno:

Distancia recorrida fuera de la Comunidad de Madrid (visitas a los centros comerciales de los alrededores no cuentan): más de 10.000 km. Líneas de expresión: una más en cada ojo (pero es porque sonrío más). Copas de Europa: una, la décima. Veces en las que he llegado a gatas a casa: no tantas. Desvelos nocturnos: se cuentan con los dedos de una mano. Proyectos profesionales a la vista: algunos. Momentos en los que he sido feliz: muchísimos. Condones caducados tirados al cubo de la basura: uno. Flores plantadas: varias bandejas. Meneos a la tarjeta de crédito: en su justa medida. Sesiones de psicoanalista no programadas: ninguna. Novelas: unas cuantas. Bonitos encuentros: muchos. Veces en las que he hecho sonreír al otro: bastantes. Routers nuevos: sólo uno. Malos rollos: casi ninguno. Buena gente a mi alrededor: mucha, buenísima. Talla: una menos. Caja y bancos: según lo previsto en el cash flow. ¡Bien!

Hace tres meses tomé la decisión de aprovechar bien el tiempo que tenía por delante y el resultado es que tengo las pilas bien cargadas y un buen aprendizaje marcado en el cuerpo. Dependió de mi, de nadie más. Sigue dependiendo de mi. Y soy un poco más feliz. 

Y mi jardín vertical crece sano.